El día que Ortega desató su furia contra los Pueblos Blancos


En Niquinohomo, cuna del general Sandino, nada está normal, porque muchos pobladores están exiliados desde hace casi un año, después que el seis de mayo del 2018 las fuerzas especiales de la Policía Sandinista atacó sin piedad a este municipio y resto de pueblos aledaños del departamento de Masaya, cuya violencia dejó un sinnúmero de ciudadanos heridos, quienes aún tienen secuelas.

Esa tarde y noche de terror, las fuerzas orteguistas desataron un infierno a punta de balas, bombas lacrimogenas y morteros. Algunas víctimas de ese ataque todavía recuerdan cómo vivieron esos momentos aciagos.

Ese día, después de participar en una macha pacifica en la ciudad de Masaya, la universitaria Gabriela Cuesta, originaria de Niquinohomo, retornaba a su pueblo junto a decenas de autoconvocados. Pero al pasar por el kilómetro 40 fueron atacados por miembros de la Juventud Sandinista (JS) a punta de morteros y piedras, sin importarles que dentro de la unidad viajaban niños y personas de la tercera edad.

Los sandinistas nos emboscaron cobardemente, mientras los niños y mujeres gritaban del pánico. Todos nos lanzamos al piso, el bus logró pasar la zona de ataque, mientras los varones que venían con nosotros se bajaron y repelieron el ataque a punta de pedradas. Yo me bajé y en medio del disturbio busqué a mi hermano junto a otras muchachas. Fueron momentos muy horribles, porque después ya se comenzaron a escuchar los balazos, pero logramos llegar a Niquinohomo a pie horas más tarde”, recordó Cuesta.

“Charnel” es un joven que también estuvo en medio del ataque sandinista que duró varias horas esa noche.

Los pobladores de Catarina apoyaron con dinero, para ir a comprar morteros a Masaya, también gente de Monimbó apoyó a los pueblos. Nos replegaron porque nosotros jamás nos habíamos enfrentados con los antimotines que tenían todas las armas y tácticas posibles. En Niquinohomo también atacaron sin piedad, ahí hubo varios heridos, como el profesor Carlos Elías Pérez, a quien le estalló una bomba en la ingle, que lo mantuvo delicado por semanas. Los jóvenes que resistimos hasta horas de la madrugada, llegamos por monte a Niquinohomo hasta el día siguiente, y vimos que en todas las calles la gente levantó barricadas para protección”, añadió.

Los autocovocados de los pueblos responsabilizaron de los ataques, que dejó persona lisiadas de por vida, al comisionado Ramón Avellán, jefe policial de Masaya y a las autoridades edilicias de esa zona, principalmente a Janeth Pérez, alcaldesa de Niquinohomo, quien días después trató de persuadir a la población para que quitaran los tranques, gestión que no rindió frutos porque la represión gubernamental no se detuvo en el departamento y más bien se incrementó.

Fotos y videos: Cortesía.