Reportajes

Las tiernas palabras de Marcelo Mayorga a su familia antes de ser asesinado

“Tengan piedad de mí… él no es un perro… ayúdenme, ayúdenme a sacarlo, ayúdenme…”, eran los gritos desgarradores de Auxiliadora Cardoze, que se ahogaban en medio de las balas y bombas la mañana del 19 de junio del 2018 en las cercanías de la iglesia San Jerónimo de Masaya, mientras veía una y otras vez el cuerpo de su esposo Marcelo Mayoorga, ensangrentado, tendido en el suelo, boca abajo, con una bala en la cabeza, con su tiradora de hule a la par. A pocos metros decenas de tropas especiales de la Policía Orteguista solo la miraban.

Mayorga tenía 40 años de edad, alegre, bromista, humanista, amante del béisbol, y cuando iniciaron las protestas se sumó con sus amigos del barrio a la resistencia civil de Masaya, contra el régimen de Daniel Ortega. Ese 19 de junio intentaba cruzar de una esquina a otra, en medio de la balacera. Los testigos del hecho dijeron que él fue uno de los últimos que decidió cruzar, con tan mala suerte que no logró llegar a la siguiente esquina porque fue alcanzado por una bala que terminó con su existencia y sus sueños.

Esa mañana, antes de salir de su casa, Mayorga le plantó un beso a su hijo mayor y mirándolo fijamente le dijo que ya le había preparado el desayuno, mientras que al otro pequeño le dijo que lo amaba. A su esposa le aseguró que pronto regresaría, sin imaginar que volvería muerto, a consecuencia del desproporcionado ataque armado que ejecutó el gobierno de Ortega contra la población civil de Masaya, que resistía con morteros y piedras, como la que cargaba la victima el día de su asesinato.

Unos días antes, yo estaba con migraña y le decía a él que me iba a morir, e iniciamos una plática, en donde le especifiqué cómo me iba a enterrar, entonces él me dijo: ‘Si a mí me toca morir antes, lo único que te pido es que me entierrés a la par de mi madre y que me toquen la bajada (música filarmónica de San Jerónimo)’. Y así lo hice”, recordó la viuda en un medio nicaragüense.

Auxiliadora Cardoze y sus hijos. Foto: END.

Cardoze asegura que actualmente debe trabajar el doble porque hay dos criaturas que mantener. De igual forma afirma que desde el asesinato de su marido no ha cesado de exigir justicia.

Como a los dos meses (del asesinato de Mayorga) vino la Fiscalía a mi casa, y les dejé muy claro que quienes me apuntaron (cuando llegó a recoger el cadáver de Marcelo) fueron los paramilitares y la Policía. El pueblo no me apuntó con armas”, sostuvo.

Lo recuerdo como aquel hombre que murió pidiendo libertad para Nicaragua, al igual que hoy yo exijo junto a la Justicia, porque no voy a descansar hasta el último día de mi vida, hasta encontrar justicia por el asesinato de mi marido y por los más de 300 asesinados en Nicaragua”, subrayó Cardoze.