Reportajes

Así fue cómo el orteguismo se impuso en Monimbó el año pasado

Seis de la mañana del 17 de julio de 2018. Las ráfagas disparadas desde el grueso armamento de la Policía Nacional y los paramilitares, fue el saludo de “buenos días” que recibió la ciudad de Masaya. El terror apenas iniciaba. El objetivo, según el comisionado general Ramón Avellán, jefe de la Policía de Masaya: “Limpiar Monimbó al costo que sea”, por ordenes directa de los gobernantes Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La orden fue ejecutada a punta de balas. La población se mantenía en el suelo resguardando su vida, ancianos y niños con los nervios de punta, mientras las balas no cesaban de rugir. En algunas barricadas que aún se mantenían levantadas por la mañana, algunos comunitarios resistían el desproporcionado ataque gubernamental.

“¡Atacan Monimbó! Las balas están llegando hasta la parroquia María Magdalena, en donde está refugiado el sacerdote. ¡Que Daniel Ortega detenga la masacre! ¡A la gente de Monimbó les ruego, salven sus vidas!”, escribía en un tuit, a las siete de la mañana, monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua.

En una de las calles aledañas a Monimbó, una madre suplica a un grupo de paramilitares que suelten a su hijo, que lo tienen en el suelo, mientras un encapuchado le apunta con un fusil AK a la cabeza. “¡Dale hijo de puta ¿Tenés ahorita esos huevos que tenías en Monimbó? ¿Dónde está esa gente que le llevabas comida?, ¡dale mierda!”, le gritaba el encapuchado, mientras a la señora la empujaba una mujer paramilitar y le apuntaba con un arma a la cara. Enseguida levantan al muchacho y lo patean. Lo echaron a la tina de una camioneta y se lo llevaron con rumbo desconocido, según recuerda una testigo quien todavía se encuentra en Monimbó.

Antes de llegar el mediodía, los paramilitares seguían descargando sus magazines uno tras otro, sin piedad, mientras los encapuchados se abrían paso a punta de fuego, sobre las calles de Monimbó, y gritaban: “¡Llegaron los azules!”. Entonces los monimboseños les respondían con pólvora, que por momentos logró frenarlos.

En medio del enfrentamiento, un paramilitar gritó a los otros: “Retirada”, «retirada”, y se replegaron. En tanto las ambulancias salían y entraban por el camino viejo de Monimbó a Niquinohomo, llevando paramilitares heridos hasta el hospital regional de Carazo. Unas horas más tarde, la resistencia monimboseña exhausta y sin pólvora, huyó por su vida, yendo por el bajadero de las Tres Cruces y por el Arroyo de la laguna de Masaya, mientras las fuerzas gubernamentales se auxiliaban de un drone y radio comunicadores, para darle seguimiento.

Por la tarde, la ciudad lucía devastada, mientras unas palas mecánicas quitaban las barricadas, siendo escoltadas por paramilitares. Todo había acabado. La orden fue cumplida a cabalidad. El saldo de los monimbiseños fue de dos muertos: Josué Rafael Palacios Aguilera, de 33 años, y Erick Antonio Jiménez López, de 34 años, además de varios heridos y detenidos. Los paramilitares llegaron hasta la emblemática placita de Monimbó, en donde arrancaron la bandera de Nicaragua, para colocar la roja y negra del partido de Gobierno, mientras bailaban agitando sus armas y gritaban: “¡Viva el comandante Daniel Ortega!”.