Nicaragua, el país donde el gobierno tacha de terroristas a las feministas


El 22 de noviembre del 2018, en ocasión del Día de lucha contra la violencia de género, los Consejos de Liderazgo Sandinista (CLS) dieron a conocer una furibunda proclama en la que denunciaban las supuestas “acciones terroristas, misóginas y machistas” perpetradas por las feministas contra el país y las mismas mujeres nicaragüenses.

“Denunciamos a las llamadas feministas que arremeten contra las sencillas y genuinas mujeres trabajadoras de nuestra Nicaragua, que hemos sabido exigir nuestros derechos políticos, económicos y sociales, y luchar genuinamente contra la cultura de violencia machista, así como ocupar nuestros espacios con un liderazgo verdaderamente femenino”, decía la proclama, cuyo contenido, estilo y excesivo uso de letras mayúsculas, dejaba claro que su autora era la mismísima vicepresidenta Rosario Murillo.

«Denunciamos la permanente extorsión de estos movimientos autodenominados feministas, que han buscado, obtenido y siguen obteniendo abundantes e ilegítimos recursos, para atacar y destruir a las mujeres y a las familias nicaragüenses», agregaba la proclama.

Proclama de los CLS. 22 de noviembre del 2018.

Ese texto solo se sumaba a los constantes ataques y persecuciones que las feministas venían sufriendo desde el momento en que el FSLN asumió nuevamente el poder en el 2007. La diferencia era que ahora las acusaciones incluían “crímenes de odio, terror, torturas, violaciones, muertes y destrucción en todo el país”, por haber participado en las protestas antigubernamentales iniciadas el 18 de abril del 2018.

En la memoria colectiva quedaron las imágenes de ese día cuando la Juventud Sandinista vapuleó en Camino de Oriente a un grupo de opositores durante un plantón contra las reformas al seguro social. Entre los golpeados estaba Ana Quirós, una reconocida feminista. El 26 de noviembre del 2018 Quirós fue finalmente despojada de la nacionalidad nicaragüense y expulsada a Costa Rica, país del que es originaria. El 29 de ese mes el gobierno canceló la personería jurídica y confiscó los bienes a CISAS, una oenegé que dirigía Quirós.

Ana Quirós. Foto: EFE.

Un día después el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, condenó el actuar gubernamental contra Quirós y denunció la grave situación de las organizaciones feministas en el país.

“El Observatorio destaca que estas acciones contra las personas y organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres se enmarcan en una campaña más amplia de ataques y violaciones de los derechos del movimiento feminista en Nicaragua”, refería el informe.

Además de Quirós, el Observatorio destacaba nombres como el de Dora Téllez, Sofía Montenegro, Azahálea Solís, Ana Margarita Vigil, Tamara Dávila, Suyen Barahona, Violeta Granera, Lucía Pineda Ubau y Verónica Chávez, por haber “han sido sometidas a actos de vigilancia, seguimiento, intimidación y amenazas en sus domicilios y negocios familiares”. “Los actos de vigilancia han incluido el uso de drones y otros dispositivos tecnológicos, lo que podría suponer un indicio del involucramiento de elementos de la inteligencia policial”, explicaba el Observatorio.

Víctimas de la represión selectiva

Con el paso de los meses, lejos de amainar, las amenazas empeoraron y las feministas pasaron a formar parte de los grupos priorizados por el gobierno en su fase de “represión selectiva”.

El 19 de agosto del 2019 las activistas Mirna Blandón, Tamara Dávila, Neyma Hernández, Amelia Urbina, Dorys Hernández y Guisella Ortega fueron detenidas por la Policía Nacional por una parada de buses en el sector de Villa Fontana cuando colocaban calcomanías en demanda de la liberación de los presos políticos.

Tamara Dávila, feminista.

La detención, que duró varias horas, reveló una actitud misógina de los agentes. El mejor ejemplo de ello fue cuando los oficiales las interrogaron y a Dávila le cuestionaron el porqué usaba el cabello corto.

Dávila dice que cada acto represivo convence a las feministas de que tienen que seguir en la lucha por acabar con el gobierno machista de Ortega.

“El Frente Sandinista es la expresión máxima de la violencia machista, todo es impuesto, se tiene a nivel de partido y también como sociedad, y se tiene que erradicar”, considera la joven.

“El movimiento feminista nicaragüense ha sido un movimiento vanguardia en informarle al pueblo que esta es una dictadura”, enfatiza.

Años perseguidas por el gobierno

Efectivamente las feministas fueron de las primeras en denunciar el falso discurso gubernamental en cuanto a la supuesta restitución de los derechos de las mujeres. Eso les acarreó inmediatamente persecución. Uno de los momentos más tensos fue el 10 de octubre del 2008 cuando la Fscalía allanó las oficinas del Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y del Centro de Investigaciones de la Comunicación (CINCO). Acusaba a estas organizaciones de cometer actividades ilícitas. El gobierno incrementaba la intimidación para tratar de acallar las voces críticas.

Las amenazas continuaron en combinación con campañas de desprestigio en medios de comunicación orteguistas. Un caso ocurrió en noviembre del 2011 contra la periodista y feminista Sofía Montenegro, luego que ésta publicó un artículo de opinión titulado “El portento de las urnas”, en donde explicaba la forma en que el FSLN había ejecutado el fraude electoral del 6 de noviembre de ese año.

La Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (RedLad) dijo en esa ocasión que la campaña constituía una “persecución sistemática, que tiene como objetivo atacar a todas las organizaciones, activistas y medios de comunicación nicaragüenses que han señalado irregularidades y acciones fraudulentas previo y durante los comicios electorales”.

Estado no quiso trabajar con organizaciones femeninas

Según la socióloga María Teresa Blandón, directora del Programa Feminista La Corriente, la relación con el actual gobierno siempre ha sido muy mala, a tal punto que las instituciones del Estado no tenían autorizado trabajar con organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres.

“Durante los dos primeros períodos de gobierno de Daniel Ortega (2007 al 2017) fue básicamente una relación muy tensa porque el discurso inicial de este gobierno fue de descalificación, de hostilidad, de estigmatización y también de acciones agresivas y excluyentes hacia la labor que realizan las organizaciones de mujeres”, explica Blandón, una de las voces más autorizadas del feminismo nicaragüense.

María Teresa Blandón, directora del programa feminista La Corriente.

Discurso del gobierno versus realidad

Uno de los estandartes del gobierno para descalificar las acusaciones de las feministas es la aprobación en el 2012 de la Ley 50 y 50, a través de la cual las mujeres pasaban a ocupar el 50% de los cargos en el aparato Estatal. Para Blandón dicha ley no vino a reivindicar realmente los derechos de las mujeres. “Eso no es solo un tema numérico, la paridad es un tema cualitativo y no solo cuantitativo”, explica.

Igual se expresa Tamara Dávila. La joven feminista dice que los reconocimientos del Foro Económico Mundial a Nicaragua, por supuestos logros en materia de equidad de género, no se ajustan a la realidad. “Son maquillajes que hace este gobierno (en sus informes). Hay investigaciones que dicen lo contrario… Este gobierno ha sido persistente en sus mentiras y ha costado que la comunidad internacional entienda que aquí no vivimos en el paraíso que nos venden, pero ya lo entendieron”, sostiene.

Ana Margarita Vijil, otra reconocida feminista, explica que los informes del Foro Económico Mundial se basan en estadísticas que facilita el mismo Estado nicaragüense. “El Foro Económico Mundial está analizando cifras que fueron entregadas por Daniel Ortega que no son verificadas y que no sabés de dónde salen, por tanto no hay credibilidad”.

«¿Vivimos en el país de las maravillas porque aquí hay cuotas (en los puestos estatales)? ¿Vivimos en el país de las maravillas porque aquí se supone que hay un 50 y 50? Pero si aquí se roban las elecciones desde el 2008, aquí ni los hombres ni las mujeres tenemos derechos políticos viables”, reprocha.

En cuando a las alcaldías, Vijil, recuerda que de nada sirve que en el país haya un 50% de alcaldesas si quien realmente manda es la persona de confianza de Rosario Murillo, es decir, el secretario político.

Ana Margarita Vijil, feminista.

FSLN es el reflejo de una sociedad machista

Para las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, el presidente Daniel Ortega y el discurso antifeminista del FSLN es el reflejo de la cultura machista nicaragüense.

“Sabemos que Daniel Ortega salió de esta sociedad y es por eso que (en el FSLN) usan términos ofensivos”, explica Dávila.

“El problema es cultural, pero el Frente Sandinista es la máxima expresión de la violencia machista. Tenés a un presidente pervertido y que todo mundo sabe que es violador”, añade.

María Teresa Blandón sostiene que a lo interno del FSLN “hay mucho desprecio por las mujeres que tienen un pensamiento autónomo y un discurso propio”. “Ya desde la década de los ochenta para el Frente Sandinista los homosexuales y las lesbianas eran como una especie de apestados”, recuerda Blandón.

Blandón refiere que el discurso homofobo y sexista usado por el FSLN para desacreditar al contrario “ha sido una línea histórica» que «no ha cambiado”. En cuanto a los derechos de las mujeres, expresa que desde los ochenta, esto se abordaba con mucha “retórica”, “utilitarismo” y “poca convicción”.

Otra de las cosas que el FSLN no perdona a las feministas es que ellas siempre respaldaron a Zoilamérica Narváez en su denuncia por abuso sexual contra Daniel Ortega, al contrario de Rosario Murillo, quien cerró filas a favor del líder sandinista.

“La feministas siempre han estado en la lucha contra toda violación se derechos. Apoyaron mucho a Zoilamérica. Denunciaron ante Nicaragua que era un problema la llegada al poder de Ortega”, refiere la joven feminista Indhira Mayorga.

Indhira Mayorga, feminista.

¿Instrumentos «imperiales»?

Para el gobierno, las feministas no son más que “terroristas” que quieren arrebatarle el poder y así lo patentizó la vicepresidenta Murillo frente a las cámaras de sus medios de propaganda la noche del 23 de septiembre del 2019.

“Creyeron en su delirio, como ilusos, como criminales, que el pueblo se iba dejar desplazar del poder y del gobierno. ¿Y qué no hicieron? ¡Cuánto terror! ¡Cuánta destrucción! ¡Cuánto secuestro! ¡Cuántas violaciones a mujeres…! ¡Cínicos ! Porque ahí entre los terroristas hay mujeres que dicen defender los derechos de las mujeres… ¡Cínicos ! ¡Cuántas Mujeres fueron violadas, violentadas, agredidas, en esos tranques de la muerte!”, subrayó Murillo.

Diez años antes, en agosto del 2008 ya había externado con toda claridad su rechazo a los colectivos feministas. «El falso feminismo sirve al modelo de neocolonización; vive en sintonía perfecta con los trazados imperiales. Tiene un rol clave en la estrategia de desgaste de los Proyectos Revolucionarios», sostenía.

Murillo nunca ha apoyado a los colectivos feministas

El discurso oficial presenta a la vicepresidenta como una histórica impulsora de los derechos de las mujeres. Sin embargo, no es más que oportunismo político y escarbando un poco es fácil desenmascarar esa falsedad.

“Que yo sepa no tiene una relación directa con las organizaciones feministas. Ella no ha sido cercana o empática con el papel que realizamos. Data desde la época de los ochenta. En el 84 Rosario Murillo externó una opinión muy negativa sobre el papel que jugaba la Asociación de Mujeres Luisa Amanda Espinoza (AMLAE). Para ella, ya desde entonces no era necesario contar con organizaciones de mujeres para defender los derechos de las mujeres, porque ella consideraba que las organizaciones mixtas y que el propio Frente Sandinista, y eso lo pensaban muchos dirigentes, no solo ella, representaba a todo mundo y también a las mujeres y que no necesitábamos tener una organización especifica”, recuerda María Teresa Blandón.

La destacada feminista insiste en que el FSLN desde 1990 se desentendió de las mujeres y que fue hasta que regresó al poder que empieza a “utilizar el discurso de género”.

Intentaron crear un movimiento de mujeres Blanca Arauz, pero no les funcionó. Las personas a las que se encomendó esta tarea no tenían base, no tenían discurso, no tenían reconocimiento”, señala Blandón.

Atacadas también por la «ultraderecha»

A lo largo de la última década el gobierno se ha mostrado contrario al aborto terapéutico, por lo que acusa a las feministas de querer imponer una agenda que no se ajusta a la forma de ser de las mujeres nicaragüenses.

Desde el 2018 los medios de propaganda oficial no hacen más que profundizar esas acusaciones.

“Las feministas occidentales y sus aliados locales reprimen o manipulan las necesidades y aspiraciones de las mujeres empobrecidas con creencias políticas y religiosas contrarias y experiencias de clase diferentes. Su apoyo al intento fallido de golpe de estado de 2018 refleja su incapacidad para construir un movimiento de mujeres al estilo occidental en Nicaragua”, publicaba el 21 de enero del 2019 el medio digital sandinista Barricada. El artículo estaba firmado por Nora McCurdy y Stephen Sefton, dos activistas izquierdistas nostálgicos de la vieja revolución sandinista.

Artículo publicado por el oficialista portal digital «Barricada».

Esa creencia ha calado mucho entre la militancia del partido y es común escucharla referirse a las feminista con epítetos despectivos como “cochonas”, “lesbianas” y “abortistas”.

En este punto, y en honor a la verdad, hay que señalar que últimamente en las redes sociales ha proliferado un visceral discurso antifeminista que no viene directamente del Frente Sandinista sino de grupos de que se definen de «ultraderecha», marcadamente contrarios al sandinismo. En estos el insulto más común es «feminazi».

Los simpatizantes de la «ultraderecha» nicaragüense tachan a las feministas de ser “sandinistas no orteguistas” y, por tanto, igual de despreciables que el partido gobernante. La realidad es que muchas de las que integran los movimientos feminista en Nicaragua tienen raíces sandinistas, cosa que ellas no niegan, aunque son enfáticas en que su defensa de los derechos de las mujeres y su lucha contra Ortega no se remonta al 18 de abril del 2018, sino a mucho antes.

Indhira Mayorga dice que los orteguistas han llegado hasta a amenazarla con quemar su casa, pero que los grupos de «ultraderecha» tampoco dejan de acosarla tachándola de “abortista» y «feminazi». Ella considera que estos ataques son parte de la cultura machista, pero confiesa que su simpatía con el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), una organización fundada en 1995 en contraposición al FSLN, también la ha hecho víctima de esos ataques.

“Es todo, claro, está el MRS y las feministas son los que se han mantenido denunciando en las calles, en las redes”, subraya.

Para Ana Margarita Vijil, quien es vicepresidenta del MRS, hay que estar claros que el gobierno ha atizado todo esto a través de troles en las redes sociales, con el fin de crear división.

“Hay una campaña en redes desde las cuentas orteguistas para generar temas de división, porque no han podido dividir a esta Unidad Azul y Blanco en lo fundamental que es la salida de Daniel Ortega y la construcción de un país sin autoritarismo”, manifiesta.

Vijil cree que en una nueva Nicaragua es fundamental que se trabaje en la convivencia, es decir, que si alguien no piensa igual a otra persona no tiene porqué descalificarla.

«Yo comprendo que van a haber muchas personas en esta lucha cívica que no van a coincidir conmigo en un montón de temas, pero bueno, coincidimos en unos que son básicos, trabajemos en esos que son básicos, saquemos a Daniel Ortega, luchemos porque no haya impunidad en Nicaragua, luchemos porque no haya violencia”, indica.

La feminista afirma que luego de lograr la salida del régimen dictatorial se puede “conversar poco a poco sobre los prejuicios”, porque en Nicaragua “hay mucho desconocimiento” sobre el feminismo.

Portada: Collage con fotos de la Presidencia y Reuters.


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