William Grigsby advierte: “Si las circunstancias lo ameritan el FSLN retomará la lucha armada”


Aunque los grupos opositores y la población en general apuestan por democratizar Nicaragua por la vía pacífica a través de elecciones libres y transparentes, el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) insiste en no dejar el poder y muchos de sus fanatizados militantes advierten que no han renunciado a la lucha armada.

El FSLN se considera así mismo como una víctima y sobreviviente de los gobiernos neoliberales que ostentaron el poder en Nicaragua entre 1990 y enero del 2007.

“No se nos olvide, esa es otra cosa importante, el Frente Sandinista de Liberación Nacional jamás ha renunciado a la lucha armada. En estos momentos no la usa porque no la necesita, el pueblo de Nicaragua tampoco la quiere”, manifestó William Grigsby, director de Radio La Primerísima y operador político de base de la vicepresidenta Rosario Murillo.

Para Grigsby, en caso de ameritar retomar las armas, ellos no dudarán en hacerlo. En su mentalidad retrógrada asegura que esa renuncia sería un suicidio para el sandinismo.

Temor a ser juzgados

El temor en el FSLN es que una vez sean despojados del poder, sean llevados ante la justicia los responsables de crímenes de lesa humanidad y corrupción, lo cual es una demanda de la mayoría de los nicaragüenses y de la comunidad internacional.

“Las circunstancias pueden cambiar, todo puede cambiar, no se sabe lo que puede pasar en un futuro. Vos no podés suicidarte de antemano. Si las circunstancias cambian y amerita la retomada de las lucha armada el Frente lo va a hacer, tené la plena seguridad, ojalá que nunca ocurra, pero tampoco hemos renunciado. Vean los documentos del Frente, jamás el Frente ha renunciado a la lucha armada”, insistió en su programa del 1 de julio.

Protestas del 2018

El más reciente accionar armado del FSLN fue en el 2018. Ese año cientos de miles de nicaragüenses se lanzaron a las calles en protesta por las reformas al seguro social. Esto desembocó en una sangrienta represión por parte del gobierno de Daniel Ortega.

De acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) las protestas dejaron al menos 328 personas asesinadas, la mayoría a manos de la Policía y de fuerzas paramilitares del FSLN.

Para el gobierno y la militancia sandinista las protestas fueron un intento de golpe de Estado. La comunidad internacional descartó que así fuera.

Desde las protestas, los medios de comunicación controlados por el gobierno se han encargado de estigmatizar a la oposición. Quien más recurre a las amenazas y ofensas es la misma vicepresidenta Murillo.

Foto de portada: Captura de pantalla.


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