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El día que turbas y dirigentes del FSLN agraviaron al papa Juan Pablo II


El 4 de marzo de 1983 quedó marcado en la historia de Nicaragua como el día de la afrenta al Papa Juan Pablo II.

Era la Nicaragua de la Revolución Sandinista, era la Nicaragua desangrada por la guerra civil, y sus dirigentes estaban enfrentados con la Iglesia Católica.

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Esa visita fue uno de los momentos más complicados para Juan Pablo II. La Revolución Sandinista era cercana a la Teología de la Liberación y dos de sus principales exponentes eran los sacerdotes Ernesto Cardenal y Miguel D’Escoto. Ministro de Cultura del régimen, el primero, y de Exteriores, el segundo.

Amonestación a Ernesto Cardenal

El recibimiento al Papa no pudo ser más ofensivo. Los funcionarios sandinistas, entre ellos el mismísimo Daniel Ortega, le esperaban con uniforme militar. Una enorme pancarta rezaba: “Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución”. Juan Pablo debió soportar bajo el intenso sol tropical el prolongado y soporífero discurso de “bienvenida” de Ortega.

Histórica es la fotografía en el aeropuerto donde se ve al Papa amonestando a Ernesto Cardenal, fallecido el 1 de marzo del 2020. Cardenal había hincado una rodilla en el piso y se disponía a besarle la mano al Papa cuando éste se la retiró visiblemente enojado. Como Cardenal le pidió la bendición, el pontífice le señaló con la mano derecha y aún más irritado le dijo: “Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia”.

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Un ambiente hostil

Cuando el Papa marchó hacia el interior de la ciudad de Managua, todo el recorrido estaba plagado de banderas rojinegras y símbolos revolucionarios. Era un ambiente hostil a cada paso.

Durante la misa, realizada en la Plaza 19 de Julio, en vez de una imagen de Cristo, a espaldas del pontífice estaba un enorme mural del General Sandino y del comandante Carlos Fonseca Amador, el fundador del FSLN. Ambos eran y siguen siendo para los sandinistas como sus cristos crucificados.

Eran cientos de miles de personas congregadas en esa plaza, pero no todos para escuchar exaltados de fe las palabras de Juan Pablo II, sino para interrumpirle cuantas veces pudieran. Era una orientación del gobierno sandinista.

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«Accidente» con el audio

Juan Pablo estaba evidentemente incómodo pero no se amedrentó y hubo un momento en que le gritó a la multitud que hiciera silencio y que le dejara hablar. Ofensivo también fue que en medio de tanto alboroto desde la consola de audio “accidentalmente” alguien pusiera el himno del Frente Sandinista.

Un día antes de la visita del Papa fueron velados los cuerpos de un grupo de jóvenes sandinistas muertos en San José de las Mulas en un combate con la Contrarrevolución. Los sandinistas habían tratado de crear el ambiente más tenso posible previo al discurso de Juan Pablo II.

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El pontífice escuchó una y otra vez las exclamaciones de paz de los sandinistas. Ya con la paciencia colmada les gritó: “La primera que quiere la paz es la iglesia”.

El museo del papa

Con el transcurrir de los años Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo trataron de cambiar la historia, maquillar lo ocurrido. La misma Rosario Murillo cada vez que tiene la oportunidad saca a colación la figura del «Santo Padre», tratando de usar sus palabras a conveniencia. Ortega y Murillo hasta mandaron a instalar en Managua un museo recordando las dos visitas de Juan Pablo II a Nicaragua.

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Fotos: Tomadas de internet.