Ex comandante sandinista Luis Carrión huye de Nicaragua ante la cacería emprendida por Ortega

El exguerrillero sandinista Luis Carrión, uno de los nueve comandantes de la Dirección Nacional del FSLN que gobernó Nicaragua desde 1979 hasta 1990, ha decidido huir del país debido al incremento de la represión por parte del régimen que lidera su antiguo compañero de armas, Daniel Ortega.

«Mi esposa y yo hemos salido del país para continuar la lucha por la democracia en Nicaragua y la libertad de todos los presos políticos», informó la tarde de este martes a través de su cuenta de Twitter.

En las últimas semanas Daniel Ortega mandó a encarcelar a cinco aspirantes presidenciales, a líderes opositores y empresarios.

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Entre los arrestados están los exguerrilleros sandinista y férreos opositores Dora María Téllez; el exvice canciller Víctor Hugo Tinoco; y al general en retiro Hugo Torres.

Vale decir que Torres ayudó a liberar de la cárcel a Ortega en 1974 cuando un comando guerrillero se tomó la Casa de Chema Castillo.

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Fotos: Tomadas de Internet.

Lenín Salablanca se exilia y acusa a los «polítiqueros» de vender la lucha «para beneficio personal»

El exreo político Lenín Salablanca, uno de los opositores más asediado por la Policía en Nicaragua, decidió exiliarse, pero al hacerlo lanzó un fuerte reproche a los políticos por, según él, haber vendido la lucha del pueblo nicaragüense.

En un tono desafiante y lleno de orgullo, Salablanca le dijo al gobierno de Daniel Ortega que él se exiliaba como “el caballo que no amansaron ni amansarán jamás”.

“Este soy yo un exiliado más, un exiliado que ha decidido dejar su tierra por la represión, por los asesinatos, por los secuestros, por las violaciones a los derechos humanos”, indicó.

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Virales son los videos en que Salablanca reclama a los agentes policiales que fuertemente armados llegan a asediar su casa en Juigalpa, Chontales, o que lo detienen mientras sale a vender cuajadas a bordo de su motocicleta.

Lo peor vino de algunos opositores

Al anunciar su exilio, Salablanca dijo que cuando se unió a la lucha contra la “dictadura” de Daniel Ortega esperaba lo peor, pero que en realidad lo peor vino de una parte de los opositores.

“A estas alturas y desde el lugar donde me encuentro lo puedo decir de corazón, lo peor lo recibí de los politiqueros, lo peor lo recibí de las personas que se olvidaron de sus hermanos, que se olvidaron de los presos políticos, que se olvidaron de los asesinados, que se han olvidado de los exiliados y que han decidido retomar la lucha para beneficio personal, por un puesto político, por una silla de diputado, por dinero”, subrayó.

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Salablanca dijo que para él fue muy difícil decidirse a dejar a sus padres, a su esposa e hijos, pero que se mantiene firme y dispuesto a seguir denunciando lo que ocurre en Nicaragua.

“Hoy quiero dcirles que el Señor los bendiga, que los proteja, y a los politiqueros: Ustedes vendieron nuestra lucha”, recalcó el exreo político.

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Foto de portada: Captura de pantalla.

Periodistas se enfrentan a la misma causa que los llevo al exilio: La censura y la persecución

Jennifer Ortiz, Yelsin Espinoza y Elmer Rivas, son tres periodistas nicaragüenses que a consecuencia del estallido social de abril de 2018 y la violenta represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, les tocó abandonar de manera forzada el país, huyendo de las amenazas y persecución.

Tras meses fuera del país, decidieron regresar del exilio para seguir informando, asumiendo los riesgos que implica ejercer periodismo en Nicaragua.

Desde el retorno no han podido ejercer con plenitud la libertad de prensa, se enfrentan a las mismas causas que les forzó al exilio, la censura y persecución.

Elmer Rivas, periodista de Confidencial y productor de los programas Esta Noche y Esta Semana, expresa que hay una represión selectiva, “probablemente no vamos a ver la represión en las calles como fue en septiembre, octubre de 2018, pero si hay una represión y una campaña de desprestigio a toda la prensa independiente en Nicaragua”.

Rivas, denuncia que tienen que trabajar descentralizados porque los persiguen, “tenemos que huir del espionaje político, no podemos salir a las calles a grabar con libertad, una fachada de una institución pública porque nos persiguen, porque nos roban nuestras herramientas de trabajo”.

Jennifer Ortiz, directora de la plataforma digital Nicaragua Investiga, regreso para cohesionar su equipo de trabajo y poder contar en primera persona lo que acontece en el país; sin embargo se incrementaron las amenazas y han ocurrido eventos que han puesto en riesgo la seguridad y vida de uno de los miembros de su equipo periodístico.

“Nosotros recién estábamos reincorporándonos al trabajo desde Nicaragua, estábamos tratando de crear una nueva estructura organizativa que nos permitiera mejorar los contenidos que publicamos en nuestra plataforma, entregar mejores formatos, coordinarnos mucho mejor porque estábamos todos en un mismo espacio; sin embargo se nos juntó la crisis del Covi-19 y muy pronto tuvimos nuevamente que dispersarnos”.

Según la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, unos 90 periodistas fueron forzados a salir del país desde que se inició la crisis en abril de 2018.

Aunque organismos defensores de derechos humanos consideran que en Nicaragua aún no hay garantías para el retorno de los exiliados, más de veinte periodistas han optado por regresar. El último fue Yelsin Espinoza, de Nicaragua Actual, quien sostiene que regreso para recuperar un espacio, a sabiendas del ambiente adverso existente en el país.

A pocos de días de su retorno, Yesin fue amenazado de muerte por un oficial anti motín, mientras daba cobertura a un piquete expres. “Acodarte que sos de la Calle Real y te voy a palmar (matar) a tu familia”, amenazó el agente policial al periodista.

“Tras mi retorno salí inmediatamente a las calles, encontré nuevamente la represión policial, paramilitar, de fanáticos gubernamentales en contra de una voz crítica, una voz del periodismo independiente”, denuncia Espinoza.

Retorno una decisión personal

Para la directora de Nicaragua Investiga, volver a Nicaragua implica un riesgo enorme y ese riesgo debe ser asumido de manera personal, conscientes de todos los factores y realidades que “tenemos en nuestra familia, en nuestro trabajo y asumir esas consecuencias. Nosotros estamos asumiendo los costos de haber retornado”, apunta.
Elmer Rivas, coincide con Jennifer Ortiz, de que el retorno es una decisión personal, “las condiciones de todos los periodistas no son las mismas y creo que de ahí parte la decisión, que debería ser aceptada y muy bien analizada por cada uno.”

Los periodistas que han retornado resisten por un compromiso con la verdad, “no tenemos grandes ganancias, no las estamos pidiendo”, dice Yelsin Espinoza, quien asegura que el periodismo independiente es ese canal a través del cual la población puede expresar sus demandas y denuncias, “porque sabemos que tenemos ese compromiso y sabemos que la población en estos momentos necesita de nosotros los periodistas y no los vamos a dejar solos”, asegura.

Es importante reconocer el desafío, la valentía, el coraje y el compromiso de hombres y mujeres periodistas que bajo su propio riesgo retornaron para seguir informado y seguir batallando contra la censura oficial.

Régimen Ortega obligó al exilio a la defensora de derechos humanos Wendy Flores

La dictadura descargó su furia y receto asedio, persecución y exilio a los que defendían los derechos humanos de un pueblo que sufría dolor, luto y represión a raíz de aquel abril del 2018, una fecha que marcó un antes y un presente en Nicaragua.

Dentro de ese grupo de defensores humanos que arriesgaron sus vidas estaba Wendy Flores, quien vivió en carne propia las represalias de la dictadura con el centro nicaragüense de derechos humanos CENIDH en el cual trabajaba, lo que la obligó a salir del país a finales de diciembre del 2018.

“Me encuentro exiliada en Costa Rica desde el 27 de diciembre del 2018 mi salida estuvo Obviamente motivada por la cancelación y allanamiento del Cenidh, de la organización más beligerantes que había en Nicaragua” cuenta Flores.

Resguardar su vida le costó la separación de su familia, principalmente de sus hijos.

“Lo más doloroso para mí fue haber dejado a mis hijos en diciembre 2018, afortunadamente pude reencontrarme con ellos en febrero del año siguiente pero si ha sido una de las experiencias más duras para mi” recuerda esta defensora de derechos humanos.

Wendy desde el exilio es parte del colectivo de derechos humanos Nicaragua nunca más está integrado por 7 defensores que colaboraban en el centro nicaragüense de derechos humanos, CENIDH organización que en diciembre del 2018 la asamblea nacional controlada por el frente sandinista le canceló la personalidad jurídica.

Precisamente uno de esos colaboradores es Braulio Abarca, uno de los compañeros muy cercanos a Wendy a quien describe “una gran mujer, defensora de derechos humanos” y dice que está “comprometida con los derechos de las mujeres y de las poblaciones en condición de vulnerabilidad que han sido víctimas de las diferentes violaciones de derechos humanos”

Wendy Flores dice que a pesar de lo duro y difícil que ha sido su exilio continuará defendiendo los derechos humanos del pueblo sufrido y está seguro que en un futuro cercano la justicia llegará a Nicaragua y habrá valido tanto sacrificio como defensora.

“La dictadura se mantiene en nuestro país, pero un día va a finalizar y ese día que finalice pues confiamos en que estas víctimas que hoy están sufriendo y que han estado sufriendo a partir de abril del 2018 van a encontrar justicia” puntualiza Flores.

Foto: Nicaragua Actual.

Samantha Jirón: La dictadura “me exilió, pero me bachilleré”

La lucha azul y blanco fue del pueblo nicaragüense, sin excepciones y en diferentes espacios y en ese lugar no solo estaban los estudiantes universitarios que fueron perseguidos y obligados a exiliarse, ahí también estaban adolescentes que arriesgaron sus vidas tal como sucedió con Álvaro Conrado,

Y al igual que “El niño mártir de las protestas”, muchos chavalos dejaron sus aulas de clases y salieron a dar su aporte a esta causa.

Entre ellos estaba Samantha Jirón, una chavala de 18 años, originaria de Masaya, quien cursaba su quinto año en el Colegio Salesiano de este municipio que vivió en carne propia la represión de Ortega.

“Me involucre en la atención de heridos”, cuenta esta joven quien por esta entrega fue perseguida y obligada a dejar su último año de secundaria y exiliarse en Costa Rica.

Ya en suelo tico sufrió y se había frustrado por no llegar a bachillerarse, pero no se dio por vencida y hoy nos cuenta como cumplió ese propósito”.

“A pesar de que la dictadura Ortega Murillo ha cercenado el sueño de muchos estudiantes universitarios y de secundaria de Nicaragua, estamos luchando para seguir adelante aquí en este país, actualmente estoy estudiando en la Universidad Internacional de las Américas (la carrera de) relaciones internacionales y estoy completamente segura que una de la formas de resistir a una dictadura es educándonos”, expuso Jirón.

Este es el reportaje completo realizado por NICARAGUA ACTUAL:

Fotos: Nicaragua Actual.

El otro exilio

El calvario de los indígenas Miskitu

El testimonio en video de Marlon Gamboa, periodista Miskitu del Caribe Norte de Nicaragua, nos da una idea de la difícil situación que viven comunidades Miskitu.

Las comunidades afectadas por la violencia, están ubicadas en la Región Autónoma Costa Caribe Norte (RACCN), de Nicaragua, compartida con otros pueblos indígenas, históricamente excluidos, por los gobiernos de turno.

La RACCN está divida en siete municipios. Puerto Cabezas o Bilwi, es la cabecera regional. Según el Centro por la Justicia y los Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN), son más de cincuenta comunidades afectadas por la invasión violenta de los colonos, pertenecientes a cuatro municipios, en la Región Norte del Caribe de Nicaragua.

La RACCN es una región rica en recursos pesqueros, forestales y mineros, pero con un Índice de Desarrollo Humano por debajo de la media nacional, población desnutrida, excluida, segregada y con una alta prevalencia de violencia sistemática, por la invasión de sus tierras y territorios, por colonos o terceros.

Los colonos, llamados así por los comunitarios o terceros por la Ley 445 Ley de Demarcación y Titulación, en la que el Estado de Nicaragua, reconoce a los indígenas como dueños de sus tierras y la propiedad colectiva. Es un grupo, conformado en su mayoría, por hombre y algunas mujeres de la etnia mestiza, originarios de diferentes municipios o departamentos del país, mayoritariamente, desmovilizados del Ejército de Nicaragua, cumplidores del Servicio Militar o ex policías dados de baja de dicha institución.

Estos son señalados por comunitarios afectados y por CEJUDHCAN, como los invasores de sus tierras, que han asesinado a familias completas, violado a mujeres, quemado animales domésticos y ganado, incendiado casas como la de la abuela del periodista Marlon Antonio Gamboa, misma que la han quemado en cinco ocasiones.

El dezplazamiento forzado, un desarraigo cruel para los indígenas

Los indígenas Miskitu, tienen un vínculo personal con la tierra, es su sello de identidad cultural, de donde obtienen sus alimentos agrícolas, pesqueros y frutos. Por tanto, la invasión de los colonos, la violencia vivida, el desplazamiento forzado, ha implicado, entre otras cosas, una crisis alimentaria, por la falta de contacto de éstos, con la tierra.

Los colonos armados han atacado, desplazado y robado a más cincuenta comunidades Miskitu. Miles fueron obligado a desplazarse forzosamente. Según CEJUDHCAN “… en dos mil quince, tuvimos más de tres mil habitantes que se desplazaron o se refugiaron en Honduras. Ahora conocemos que hay más desplazamientos…”, hacia otros centros urbanos internos como Waspam, Siuna, Puerto Cabezas y Managua; además, en otros países como Costa Rica y Panamá.

Los colonos, con la venia y acompañamiento de funcionarios gubernamentales, la policia y el ejército, operan en estas comunidades. “Hay violencia que es organizada, estructurada, que tiene como fin, despojar a las comunidades de sus tierras, pero también, de causar temor e inhibir a las personas de que se sigan resistiendo a permanecer en sus comunidades”, según lo dicho por Eduardo Guerrero, del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), Costa Rica, organismo que ha acompañado el trabajo del Centro por la Justicia y los Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN).

La violencia del gobierno, antes de abril del 2018.

La violencia en el Caribe de Nicaragua, ha sido invisibilizada en su totalidad, por el involucramiento del gobierno, con los colonos armados. También, por la violencia contra los periodistas, de forma directa e indirecta, que les ha obligado a exiliarse, desde antes de la crisis política, iniciada en abril de 2018. Tal como lo evidencia la historia de Marlon Antonio Gamboa, periodista Miskitu, exiliado en Costa Rica, desde febrero de este año.

Amenazas directas o personales, de muerte o encarcelamiento, por ejercer el derecho a informar. El uso de redes sociales, para desprestigiar a mujeres y hombres de prensa, ha sido en el Caribe, una verdad, desde antes del estallido de la violencia nacional. Mismo modelo utilizado posteriormente contra periodistas y medios, a partir del estallido de la protesta de abril 2018, en Nicaragua.

Crisis humanitaria en comunidades Miskitu, el hambre y la violencia acechan

La violencia generada por los colonos, ha causado entre otras cosas, una verdadera crisis alimentaria, no atendida por las autoridades, en sus tres niveles de gobierno estatal: municipal, regional y nacional. Esta situación, ha vulnerado el derecho a la propiedad comunal y ha creado una violación del derecho a la vida, el derecho a la alimentación y el derecho a la salud, porque, con el incremento de la violencia, las comunidades no han podido realizar sus actividades para su subsistencia básica.

Organismos de Derechos humanos, como CEJUDCAN y CEJIL, han alzado la voz a nivel internacional, buscando justicia a favor del pueblo Miskitu, en los organismos que trabajan y velan por los derechos humanos. A petición de estos organismos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), otorgó doce medidas cautelares, para la protección de la vida y la seguridad, de doce comunidades. El gobierno, no ha implementado ninguna acción.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), otorgó siete medidas provisionales, mientras que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), otorgó doce medidas cautelares a cincuenta comunidades en riesgo. El gobierno igual, no ha implementado ninguna acción.
La intimidación, hostigamiento, secuestro, asesinato, incendio, desaparecidos, amenazas, ataques y quema de comunidades enteras, cultivos y animales, continúa. No hay derecho ni a la vida ni a la salud.

2019, la violencia se agudiza en los territorios tomados por colonos

En los diez meses de este año dos mil diecinueve transcurridos, han sucedido veintinueve casos nuevos de violencia, en las doce comunidades indígenas, beneficiarias de medidas de protección otorgadas por la CIDH y la Corte IDH.

Se mantienen el hostigamiento y amenazas contra pobladores indígenas y defensores de CEJUDHCAN. Además de secuestros, extracción de bienes y recursos, torturas psicológicas con interrogadores armados, lotificación o carrileo de las tierras indígenas ancestrales, con la leyenda “propiedad privada” o “prohibido pasar”. Los comunitarios, no tienen acceso, ni a sus territorios ni a sus parcelas, para pescar, cosechar y desarrollar todas las actividades tradicionales de subsistencia. 

Se mantienen la hambruna, desolación, miedo e inseguridad. Se mantiene la crisis humanitaria, sin que el gobierno haga algo para solucionar la situación de las comunidades Miskitu de la RACCN.

Regresa a Nicaragua Carlos Fernando Chamorro luego de 10 meses en el exilio

El periodista Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial y Esta Semana, regresó este lunes por la mañana a Nicaragua luego de más de 10 meses en el exilio en Costa Rica.

Chamorro retornó junto a varias personas, entre estos el profesor Álvaro Gómez, padre de una de las víctimas mortales de la represión, periodistas como Jennifer Ortiz, estudiantes universitarios y activistas opositores.

En el aeropuerto A.C. Sandino, Chamorro expresó a los medios de comunicación que ellos vienen bajo su propia responsabilidad, sabiendo que en Nicaragua no hay garantías.

«Es una decisión individual de asumir nuestra responsabilizad para practicar nuestros derechos», explicó.

«No hay seguridad hasta que se lleve a cambio un cambio democrático en el país», subrayó.

Recordó que en Nicaragua es necesario que se permita el retorno de los organismos internacionales defensores de derechos humanos, como la CIDH, que se desmantelen los paramilitares y que se restablezcan las libertades ciudadanas.

«Estamos demandando la suspensión del estado de sitio de facto», expresó Chamorro, quien también exige que le regresen las oficinas de Confidencial, ocupadas por la Policía Nacional desde diciembre del 2018.

Foto: Captura de pantalla.

Padres del niño Teyler Lorío vuelven del exilio

Karina Alejandra Navarrete y Nelson Lorío, padres del niño Teyler Lorío, asesinado el 23 de junio del 2018 en Managua, regresaron a Nicaragua el 9 de octubre luego de un año exiliados en Costa Rica.

El niño de 14 meses de nacido murió de un disparo en la cabeza cuando fuerzas de la Policía y paramilitares del Frente Sandinista atacaron los tranques en el sector de Las Américas Uno. Los padres señalan directamente a la Policía de haber perpetrado el crimen.

La decisión de regresar a Nicaragua se debe a la difícil situación que estaban pasando en Costa Rica, ya que no lograron conseguir un trabajo estable, aseguró Nelson Lorío. Este señala que seguirán demandando justicia, a pesar de que los riesgos que hay en Nicaragua.

“Después de exigir justicia por el asesinato de mi hijo y no recibir ninguna respuesta, más bien lo que recibimos mi esposa y yo fue persecución y asedio, decidimos exiliarnos en Costa Rica, pero la situación en ese país está difícil, teníamos carnet de refugiados, pero fue imposible encontrar un empleo estable, es por eso que el nueve de octubre de este año regresarnos a Managua”, manifestó Lorío.

Foto: Vos TV, con información de 100% Noticias.

“Era la casa o la calle, volvimos del exilio por necesidad”

Dormir en la calle o en un frío colchón, no tener qué comer o pedir para hacerlo, caminar por horas en busca de un trabajo, miradas xenofóbicas, falta de atención médica o lo tardío en la entrega de un carné de refugio: Esta es la imagen del exilio y la razón para el retorno de muchos. “Pese que en el país la situación aún no está normal”, coinciden los entrevistados.

Huyeron a Costa Rica cuando en Nicaragua se vivía la peor persecución política de las últimas décadas. Verdadera violencia en “tiempos de paz”. Pero hoy retornan nuevamente al país debido a la vulnerabilidad y dificultades que tuvieron, y tienen miles de nicaragüenses más, en el exilio forzado. Quienes retornan solo piensan en no ser detenidos o aparecer muertos en algún lugar.

El régimen de Daniel Ortega anunció, en abril de este año, la aprobación e implementación del Programa para el Retorno Voluntario para recibir a los nicaragüenses “con fraternidad, cordialidad y solidaridad”. Pero ha sido lo contrario: Diómedes Reyes Hernández y Ulises Josué Pérez Rivas, son dos jóvenes que retornaron del exilio, fueron detenidos y acusados de delito común, no político.

Diómedes Reyes Hernández, de 21 años, participó junto a su padre, su hermano menor y otros amigos de Quilalí, Nueva Segovia, en las protestas contra el régimen. Pero tras la persecución de policías y paramilitares huyó a finales de 2018 de Nicaragua para no ser arrestado. “Era la cárcel o la muerte”, pensó el joven mientras huía por las veredas. Primero con rumbo a Honduras y más tarde hacia Costa Rica.

Diómedes Reyes Hernández , preso político.

Reyes pensó que recibiría la amnistía que aseguró el régimen. Y retornó de su exilio forzado. Pero, el 27 de mayo llegaron a su comunidad agentes fuertemente armados y en compañía de paramilitares lo sacaron de su casa. Actualmente se encuentra en proceso de juicio, acusado por el delito común de tenencia ilegal de arma de fuego.

La familia de Reyes prefirió no dar entrevistas para este reportaje debido a que tienen un temor fundado. En la zona donde viven, a casi 300 kilómetros de la capital, han ocurrido asesinatos selectivos contra campesinos opositores al régimen orteguista. Y ellos, no desean sumarse a esta larga lista de muertes que permanecen impunes.

Por un sombrero…

El joven Ulises Josué Rivas Pérez fue otro de los que huyeron de la represión sandinista y regresó a Nicaragua. Pero fue detenido por policías la mañana del domingo primero de septiembre en Comalapa, Chontales, departamento donde habitaba. Él regresó al país para estar en el entierro de su padre, quien murió de cáncer.

Rivas también se había exiliado y retornó confiando en las promesas gubernamentales. Durante su tiempo en Costa Rica elevó la voz por los derechos de las personas de la diversidad, e incluso, se reunió con la vicepresidenta tica, Epsy Campbell, para denunciar la represión en Nicaragua. Tan solo pasó un mes de su regreso, cuando fue capturado.

Ulises Josué Rivas Pérez junto a la vicepresidenta de Costa Rica, Epsy Campbell.

Los policías llegaron a detenerlo cerca de su casa, mientras algunos de sus familiares luchaban y rogaban inútilmente para que no se lo llevaran. Rivas está siendo señalado por los delitos de robo agravado en contra de dos hombres y lesiones leves en perjuicio de una mujer. Actualmente está detenido en la delegación policial de Juigalpa, Chontales.

De la cárcel al exilio, del exilio a la clandestinidad

Un mes después de salir de la cárcel, tras haber sido encerrado 10 meses por protestar contra el régimen de Daniel Ortega, Alex Hernández, originario de Catarina, Masaya, se vio forzado al exilio.

Tras su salida de prisión el asedio policial a su casa y las amenazas constantes a su familia le impidieron regresar a su pueblo. Costa Rica fue su única opción para tener las condiciones mínimas de seguridad que el Estado de Nicaragua no le garantizaba.

“El anhelo de cada excarcelado era quedarse con sus familias, pero las circunstancias me obligaron. Ni siquiera pude llegar a mi casa, me tuve que quedar en Managua”, explica.

Alex Hernández, expreso político.

El Ministerio de Migración se negó a emitirle un pasaporte, le notificaron que al tener retención migratoria no podía salir del país por causas penales abiertas, pese a haber sido excarcelado bajo una Ley de Amnistía.

Pero Alex se fue. Por punto ciego decidió cruzar la frontera, temeroso de ser detenido por policías, paramilitares o agredido por estos grupos represores del régimen.

En Costa Rica, como miles de exiliados, chocó con la realidad. El desempleo, el hambre, la urgencia de conseguir un techo permanente y sobrevivir en un país que ya no da abasto.

Indiferencia de nicas residentes

Pero la desesperación por no poder ayudar a otros exiliados fue lo que más le frustró. “Lo más difícil de mi exilio no fue tanto lo que me tocara vivir a mí, sino lo que me tocó ver que están pasando los demás y no poder hacer nada porque los exiliados nos vamos sin nada, con la misma mochila que me fui, con esa misma regresé, con la misma ropa”, recuerda ahora en Nicaragua, retornado y en la clandestinidad.

Hernández ya está en Nicaragua, pero no tiene las condiciones mínimas de seguridad para volver a su casa en Catarina, Masaya. El asedio y las amenazas no paran.

La etiqueta de excarcelado político lo expone a ser atacado por turbas o seguidores del Frente Sandinista, la Policía Orteguista sigue asediando a su familia y como ha pasado con otros exreos políticos, teme ser encerrado nuevamente con la fabricación de un delito común.

Vive en Managua en una “casa de seguridad” y es activo en varios movimientos opositores al régimen. Sus ganas de seguir en la lucha por la libertad de Nicaragua lo trajeron de regreso.

“Estar en otro país viendo los toros de largo a uno lo desmoraliza. Llega un momento en el que tu conciencia te dice que ya no podés seguir allá (en el exilio), que debes regresar a terminar lo que empezaste y llegar hasta el final, resistir hasta donde se pudiera contra esta dictadura”, expresa.

Muerto en vida

Noventa y seis días han pasado desde que Roberto Buschthing regresó de su exilio en Costa Rica y no ha podido volver a plena luz del día a su natal Matagalpa, para ver a su madre. Vive en Managua en una “casa de seguridad”, duerme en el piso, come lo que alcanza, no puede volver a la universidad y tampoco trabajar.

“He pasado de un exilio en Costa Rica a otro exilio dentro de mi propio país, condenado a la clandestinidad. Pero era la casa o la calle, aquí volvimos de Costa Rica por necesidad”, reconoce este joven, que con apenas 21 años ya vivió un exilio de 10 meses y 26 días.

En Matagalpa es reconocido por su activa participación y organización de las protestas contra el régimen. Desde su facultad, siendo estudiante de segundo año de Economía, se organizó junto a sus compañeros para protestar contra la imposición de unas reformas al Seguro Social, que días después se transformaron en un clamor nacional que pedía la salida de Daniel Ortega del poder.

Ser un líder universitario le trajo consecuencias. El 28 de julio, en una de las protestas estudiantiles más grandes que vivió Matagalpa, Buschthing estuvo a punto de morir. Iba al frente de la manifestación deteniendo el tráfico, despejando vías y previendo la llegada de paramilitares.

Finalmente, llegaron. Lo encañonaron con armas AK 47 y le dijeron: “Hasta aquí llegaste chavalo hijo de puta”. “Esas palabras no se me van olvidar nunca, sentí que hasta ahí iba llegar mi vida”, recuerda. Se quedó con la bandera de Nicaragua en alto y sus amigos o “compañeros de lucha”, como les llama, intervinieron en grupo para evitar que lo mataran.

A su papá, actualmente exiliado en Costa Rica, le dijeron que si su hijo continuaba manifestándose lo quemarían vivo. La amenaza era latente. Tenían datos de dónde vivía, qué casas frecuentaba, sus horas de salida y llegada y con quiénes se relacionaba. Era la hora del exilio.

Nicaragüenses exiliados enfrentan el desempleo en Costa Rica.

El exilio

El 4 de agosto salió de Nicaragua. Cruzó la frontera sur de manera ilegal a través de un “punto ciego”. Solo cargando una mochila con dos pantalones y tres camisetas. Al llegar a Costa Rica vivió en un refugio compartiendo con más de 60 personas en un mismo lugar. Había un comedor donde solo les daban un tiempo de comida, generalmente la cena.

En ese refugio estuvo tres semanas. Después se fue a una casa por tres semanas más. Luego se mudó a un pequeño apartamento con un grupo de amigos donde estuvo cuatro meses. El lugar estaba diseñado para dos personas, pero llegaron a vivir doce. Todos exiliados de Matagalpa. La comida llegaba a la casa a través de donaciones.

Finalmente, en enero, antes de su retorno a Nicaragua, se trasladó a otra casa con un grupo de 12 personas.

La desesperación y la necesidad lo trajeron de regreso

Reunión de exiliados.

Al llegar a Costa Rica, Buschthing solicitó refugio y pasaron nueve meses para que le dieran un permiso de trabajo, pero con el documento no llegaba el contrato. En un mercado laboral saturado, no logró conseguir un empleo. La desesperación, el hambre y la frustración lo obligaron a regresar a Nicaragua, aunque estaba claro que no tenía garantías de seguridad.

“Ya no aguantaba estar en Costa Rica. Me tocaba prestar 500 colones (unos 29 córdobas) para poderme movilizar a reuniones de la diáspora. El 31 de junio decidí volver también de manera ilegal”, relata.

Desde el 30 de junio cuando volvió al país solo ha ido a Matagalpa en tres ocasiones. Llega de noche y sale de madrugada. No puede tener vida social, movilizarse libremente ni tampoco puede ver a sus amigos. La amenaza de los paramilitares, que hasta ahora se mantiene, es que si lo ven en Matagalpa lo van a matar.

El activismo político ha sido la única opción de mantenerlo ocupado. No tiene más opciones, dice, porque salir nuevamente del país a pasar más penurias no lo ve viable. “¿Qué pasa si dejo mi activismo?”, se pregunta. “Me quedo con el color, las amenazas y con todo. Me pueden echar preso o me pueden matar más rápido”, se responde.

Las cifras del retorno

Allan Rodríguez Vargas, jefe de la Unidad de Refugio de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME) en Costa Rica, revela en entrevista exclusiva con este equipo periodístico que actualmente registran “alrededor de 200 y 250 personas por mes desistiendo a la solicitud de refugio”, porque están retornando a Nicaragua.

“Estos son los que pasan por un puesto fronterizo. Pero también hay una cifra negra que no podemos determinar y que corresponde a la salida irregular. Es decir, son aquellos que no tienen documento de viaje o por alguna situación en particular hacen su retorno evitando los puestos fronterizos habilitados”, detalla Vargas.

Estos datos generales, según el funcionario, los obtienen de los reportes enviados por la Policía Profesional de Migración desde los puestos fronterizos y, también, de los registros que llevan en las oficinas centrales de la DGME cuando las personas llegan a renunciar directamente a la Unidad de Refugio, previo a su retorno.

Rodríguez Vargas detalla que “este ha sido un fenómeno que ha ido fluctuando en el tiempo. Hemos tenido momentos (inicio de 2018) que esta cifra ha bajado bastante, talvez hasta 50 o 25 desistimientos en un mes. Pero hay meses que esto se dispara. Esto va a depender realmente de lo que esté pasando en Nicaragua”.

Nicaragüenses en el parque La Merced, San José, Costa Rica.

“Por ejemplo, conforme se va intensificando la situación allá, se nos disparan las solicitudes de refugio acá y bajan los desistimientos (renuncia a la solicitud de refugio). Muchas veces cuando la situación se percibe un poco más con cierta normalidad, entonces las personas comienzan a regresar”, agrega.

Karen Peralta: “Nunca encontré un trabajo”

La activista ambientalista Karen Peralta salió la fría madrugada del 3 de enero de 2019 desde su casa en Mozonte, Nueva Segovia, con rumbo a Costa Rica. Para proteger su vida. Entró por vereda a territorio costarricense, por un punto ciego conocido como Los Chiles. El trayecto se hizo eterno. En ningún momento dejó de pensar que algo malo podría ocurrirle a su familia. Detención o muerte, es lo común.

Luego que la Policía Nacional allanó el 14 de diciembre de 2018 las instalaciones del Instituto de Liderazgo de Las Segovias (ILLS), una de las ocho organizaciones nicaragüenses a las que el régimen de Daniel Ortega quitó la personería jurídica, las trabajadoras, entre ellas Karen, comenzaron a ser perseguidas y amenazadas directamente por funcionarios de la alcaldía sandinista de Mozonte. No soportó más.

Peralta cuenta que retornó porque en Costa Rica “realmente las condiciones son muy difíciles. Ya tenía ocho meses de estar en Costa Rica y no encontré trabajo, ni cuando llegué ni a mediados. Es que como hay muchos exiliados nicaragüenses, venezolanos y cubanos, entonces se hace difícil encontrar un trabajo. Y si hayás uno te piden un montón de requisitos para poder optar”.

La joven, de 27 años, confiesa que sobrevivió en Costa Rica con lo poco que le enviaba desde Nicaragua su familia, quienes son de escasos recursos. “El alquiler de una casa o de un cuarto te sale súper carísimo. Yo decidí regresar por eso, porque no tenía trabajo allá. Decidí venir a luchar aquí desde mi tierra, desde mi departamento Nueva Segovia”, comenta, en voz baja y con temor.

En Costa Rica muchos nicas deben recurrir a pedir ayuda para poder comer.

Para Peralta lo más difícil de irse al exilio fue dejar a su mamá y a sus hermanos. “Pero no podía trasladarme con toda mi familia para el exilio, porque con lo poco que conseguimos solo me daba para movilizarme yo”, dice una noche lluviosa desde un hotel en Managua, donde se hospeda antes de participar en un encuentro al día siguiente.

El riesgo

“Lo difícil también en Costa Rica es que no me podía comunicar con mi mamá diario. Porque no tenía para la recarga. Cuando la llamaba era una vez cada 15 días, cada dos meses. A veces pasaba bastante tiempo sin comunicarme con ella. Eso fue difícil”, cuenta.

Para ella, últimamente los nicaragüenses están tomando la decisión de retornar “por las condiciones que se viven en Costa Rica, en donde hay muchas familias que están durmiendo a la intemperie, cuando tienen su casa acá en Nicaragua. Casa, techo y todo”. “Estamos arriesgándonos al regresar porque no tenemos ninguna seguridad”, puntualiza.

Entre las personas que han retornado del exilio se encuentran el activista Félix Maradiaga, quien era director del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), organización a la que también le quitaron la personería jurídica y fue allanada por la Policía Nacional.

También el comentarista político Jaime Arellano, quien tenía orden de captura supuestamente por “incitar al odio”, mediante su programa en el Canal 100% Noticias. Como para acuerparse, Arellano volvió junto con Aníbal Toruño, dueño de constantemente asediada Radio Darío.

El abogado perseguido

Para el abogado y defensor de derechos humanos, Henry López, lo más difícil de estar un año, un mes y dos días exiliado, es haber iniciado desde cero luego de abandonar forzosamente a su familia, su trabajo y su vehículo, el cual tuvo que vender para poder huir hacia Costa Rica. Él figuraba en una lista del orteguismo por haber supuestamente financiado marchas y tranques en Masatepe, Masaya.

En Costa Rica no le fue nada bien. Como a la mayoría de nicaragüenses. López cuenta que de todo el tiempo que estuvo en este país del sur nunca logró conseguir un trabajo. “Yo recibí el apoyo de una organización. Ellos me garantizaron el hospedaje por los primeros meses. Para mientras uno buscaba qué hacer. Pero uno tenía que resolver en el día a día”, dice.

Lo encarecida que está la vida en Costa Rica lo frenó. “La situación laboral para el mismo costarricense está muy dura. De hecho, fue una de las razones por las cuales yo decidí regresar. El desempleo, más con la reforma fiscal que entró en vigencia, eso impactó a los mismo ticos. También más de un año de no ver a mi familia. y también el deseo de apoyar directamente la lucha”, relata.

La mayoría de quienes están retornando a Nicaragua no vuelven directamente a sus hogares, sino que, como López, se hospedan en casas de seguridad. Luego de haber pasado de forma oculta la frontera, él narra cómo es vivir en una casa de seguridad: “Es triste. Nunca sabés cuándo va a parecer un grupo de policías o paramilitares”.

Mientras en Managua la temperatura supera los 38 grados, López continúa diciendo que “en lo personal las pesadillas (por el temor) siempre están. Yo regresé a Nicaragua hace dos meses. Pero no he podido entrar a mi ciudad Masatepe porque las amenazas están. Y tengo miedo de mi vida. Yo no quiero ser un mártir más. Yo lo que quiero es apoyar directamente la lucha pero sin poner mi vida en riesgo”.

López, quien ha sido defensor de derechos humanos desde hace más de 13 años, cuenta que en el retorno se vive “una situación dramática. El retorno significa frustración, implica noches en que no podés dormir. Pero al menos da la satisfacción de estar cerca de mi familia, que es lo que no podía hacer cuando estaba en el exilio”.

Para él, “siempre el tema de seguridad hay que tenerlo presente. Mi familia incluso no sabe dónde estoy viviendo. Nosotros nos vemos en puntos distintos cada vez que nos encontramos. Porque siempre está latente el tema de la persecución. Yo no quiero exponer a mi familia”.

Los números

Tras 17 meses de crisis sociopolítica, en Nicaragua la represión contra las manifestaciones cívicas que iniciaron el 18 abril de 2018 deja un registro de 328 personas asesinadas, más de 3,000 heridos, más de 800 desaparecidos, más de 80 mil exiliados y, actualmente, 139 presos políticos, según informes de organismos nacionales e internacionales de derechos humanos.

Más de 83,700 nicaragüenses se han visto forzados a migrar y buscar refugio en otros países, desde abril de 2018. La mayoría lo ha hecho en Costa Rica, donde se registran más de 70,000 nicaragüenses solicitando protección internacional o refugio, de acuerdo con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Desde el mes de junio de este año distintos grupos, movimientos y organizaciones de exiliados en Costa Rica se han estado reuniendo para planificar una gran caravana de personas exiliadas que salga antes de diciembre desde San José y llegue hasta Managua. Uno de los promotores, que prefirió ocultar su nombre como medida de seguridad, señaló que serían acompañados por organismos internacionales.

Este equipo periodístico consultó al respecto a Roeland de Wilde, jefe de misión Costa Rica de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), pero señaló que en este momento no tienen “ningún programa ni ninguna iniciativa para el tema del retorno”.

El diplomático expresó que cada persona tiene, bajo la Declaración Universal de Derechos Humanos, el derecho de regresar a su país. Pero dejó claro que esa es una “elección de ellos”.

Precio a su cabeza

El estudiante Lesther Alemán, quien encaró al dictador Daniel Ortega durante la primera mesa de diálogo en mayo de 2018, y quien volvió al país este lunes 7 de octubre luego de estar un año en el exilio tanto en Estados Unidos como en Costa Rica, cuenta que realizar el retorno fue “sortear la inseguridad. Pero es una decisión que debía tomar”.

“Hay que estar consciente de que no existe normalidad en Nicaragua. Hasta el momento Daniel Ortega no ha garantizado los derechos de los nicaragüenses que están dentro del país, y jamás va a garantizar los derechos de los que regresan”, sostiene, tras recordar que el régimen le puso el precio de cinco mil dólares a su cabeza.

Alemán comenta que actualmente el problema en Nicaragua es la prolongación de la crisis sociopolítica y económica la que hace que muchas personas se desesperen. “Uno dice, mi vida está allá. Todo está allá. Entonces uno procura apresurar este regreso” pese a que no hay trabajo y hay escasez de alimentos, confiesa tocándose ambas manos, como para darse confianza en que la decisión que tomó es la correcta.

Alemán junto a decenas de personas a participados en los últimos dos meses de reuniones en Costa Rica para abordar el tema del retorno. Él narra que conoce a “mucha gente que retornó a Nicaragua porque nunca lograron insertarse en el país: Nunca consiguieron empleo, no pudieron legalizar su estatus migratorio”. “Entonces esas dificultades hacen que uno llegue a la decisión de decir: ‘mejor retorno’”, puntualiza.

Pero el joven, estudiante de comunicación social, es claro en decir que su retorno fue “una decisión muy personal e individual. Que no tiene que influenciar a otros para retornar al país. Pero sí, es necesario. Yo lo considero necesario. Yo prefiero estar en mi país”.

El caso “Darío”

A dos días de su retorno al país tras un año en el exilio, Aníbal Toruño, director de Radio Darío de León, sufrió un atentado ejecutado por turbas orteguistas. El periodista sostiene que la orden de matarlo está dada.

El 30 de agosto volvió a Nicaragua para continuar desde adentro en la lucha por la libertad de prensa, de expresión y la democracia, pero también en el contexto de denuncia internacional, como lo había venido haciendo desde su exilio en Estados Unidos.

Desde su regreso a Nicaragua su casa y su radio han estado bajo asedio policial y paramilitar, fanáticos orteguistas han dejado pintas amenazantes en las paredes y cuando regresaba a su natal León el pasado 7 de septiembre, el vehículo en el que se desplazaban miembros de la Alianza Cívica fue atacado por motorizados armados que creyeron que Aníbal Toruño viajaba dentro.

“¿Qué me hubiese pasado? Por lo menos que me hubiesen secuestrado y llevarme al zonal del Frente Sandinista que es en donde se manejan este grupo de delincuentes motorizados que andan azotando, atacando a todo lo que se parece a periodismo y medios de comunicación independientes”, relata.

Su vida en Nicaragua no es normal, como tampoco lo está el país. Siempre viaja acompañado por un amigo, evita lugares públicos, se desplaza en constante observación de su entorno y no sale por las noches.

Tiene miedo. Hay un plan para matarlo, dice. “La orden es asesinar a un periodista, a un director de medio de comunicación que se ha convertido desde la perspectiva de ellos en un dolor de cabeza para el Frente Sandinista porque la lucha de Radio Darío que lleva 70 años, es una lucha que trasciende fronteras”, denuncia.

Y su miedo también es fundado. En un contexto en el que no se tolera la libertad de prensa ni la libertad de expresión “es obvio que Daniel Ortega quiere eliminar a hombres y mujeres de prensa que se interponen en su camino. La historia lo dice, tenemos a Pedro Joaquín Chamorro, Carlos Guadamuz y Ángel Gahona”, dice.

Pocas resoluciones de refugio oficial

Por su parte, la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), señaló que están abogando para que el proceso del retorno que está ocurriendo hacia Nicaragua se “realice en condiciones seguras y dignas que no impliquen riesgos subsecuentes para aquellos que optan por repatriarse”.

“Es muy importante que los solicitantes de asilo (o refugio) se informen antes de tomar cualquier decisión. Un retorno no informado puede ser muy peligroso si los factores que motivaron la huida se mantienen”, recomendaron vía correo electrónico al solicitar la entrevista.

Para los nicaragüenses en Costa Rica, lo tardío en la entrega del documento de solicitante de refugio o de refugiado oficial, son también parte de las razones por las que están retornando. En 2018, por ejemplo, el gobierno costarricense entregó 1,427 resoluciones de refugios oficiales a personas de distintos países, de esa cantidad solo 263 fueron para personas nicaragüenses.

Mientras que en lo que va de 2019 ha entregado 2,766 refugios oficiales a nicaragüenses, de un total de más de 55,500 solicitudes de refugio, según el “Estudio Preliminar de Flujos Migratorios Mixtos Nicaragüenses 2018-2019”, publicado recientemente en la capital costarricense.

Mientras decenas de nicaragüenses retornan cada mes, con la esperanza de no morir o ser detenido en el intento. El régimen orteguista se mantiene a fuerzas en el poder para llegar a las elecciones de 2021, fecha en que la mayoría en Nicaragua espera un verdadero cambio de sistema.